El sabio Mani y el Maniqueísmo

Mani,  Manes en persa, Manicheus en latín. Líder religioso, pintor, músico, poeta, médico e inventor de la escritura maniquea y creador del maniqueísmo.

Nace el 14 de abril del año 216 d.d.C., al sur de Babilonia, lo que hoy día se conoce como Irak. En una época donde, a pesar de haber sido prohibido por el Imperio Romano, el cristianismo se había propagado, y había absorbido aspectos de otras religiones y culturas, básicamente de la zona oriental, -Siria, Palestina e Irak-.

Esto despertó el interés de Mani, por estudiar la diversidad de creencias, hasta darle el suficiente impulso para crear su propia religión: “el maniqueísmo”, fundamentada en el ascetismo y en la confrontación entre lo bueno y lo malo. Su juventud, la vivió en la comunidad judía ascética “los elcasitas”, derivado de la secta ebionita.

El Príncipe persa Mani

Su nombre, significa joya. Pertenecía a la nobleza parta. Su padre Pattig era oriundo de Hamadán, y su madre era miembro de la familia Kamsaragan, relacionada con la dinastía del Imperio Parto, los arsácidas.  

La humildad era la característica más sobresaliente de su personalidad. Se crió como un niño encerrado en una secta, lo que despertó en él ese ímpetu por conocer todas las religiones de su época. Logra entender y canalizar su energía e inspiración a través de las artes y ciencias que aprendió:  la pintura, la poesía, la música y la medicina.

De acuerdo a relatos biográficos, escritos por el intelectual Al-Biruni, cuando Mani tenía 25 años, tuvo una revelación de un espíritu llamado Syzygos. Fue a partir de ese momento, que comenzó a predicar su nueva doctrina. Sus basamentos eran la educación, la negación de uno mismo, el vegetarianismo y la castidad, como medios para lograr la salvación.

El sabio Mani

Se autoproclamó como el Paráclito prometido en el Nuevo Testamento, el Último Profeta. Se consideró del grupo de Set, Noé, Abrahan, Shem, Nikotheos Henoc, Zoroastro, Hermes, Platón, Buda y Jesús… todos hombres enviados por Dios al mundo terrenal.   

A pesar de haber desaparecido sus escrituras, sus creencias y enseñanzas, se mantienen de forma parcial a través de manuscritos en lenguaje copto, originarios de Egipto, y en bibliografías escritas tiempo después en China, específicamente en Turfán y Turquestán.

El maniqueísmo

Puede que Mani como nombre no goce de mucho reconocimiento o popularidad.  A diferencia de su doctrina “el maniqueísmo”, que si lo tiene. Quizá tenga más reconocimiento el término, que el significado en sí mismo. Lo que sí se puede asegurar, es que el “maniqueísmo” constituyó el dogma religioso más extendido a través del medio Oriente, durante unos cuantos siglos.

El maniqueísmo, es una religión antigua, devenida del cristianismo gnóstico, el budismo y el zoroastrismo, logró su cúspide antes de ser abolida. Ganó sus primeros seguidores en la India, luego se extendió a Persia, su patria, bajo el amparo de Sapor I.  Sus primeros misioneros se encargaron de difundir esta nueva doctrina por toda Persia, Palestina, Siria y Egipto.

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La religión predicada por Mani tenía carácter de universal y definitiva, buscaba agrupar y adaptar las “medias verdades” del resto de las religiones y formar lo que él consideraba como la única verdad. Se preocupó por documentar y asentar por escrito su doctrina, traduciéndola a varios idiomas, haciéndola canónica y oficial.

La gran amistad que mantuvo con Sapor I, emperador del Imperio sasánida, al punto de convertirse en su protegido, le ayudó para poder difundir su doctrina en el Imperio.

El Rey de Armenia, Ormuz I, hijo de Sapor I, además de amigo, se convirtió en su discípulo. Haciendo así que las posibilidades de que esta doctrina se consolidase fuesen muy altas, ya que, al suceder Ormuz a Sapor, siendo tan cercanos con ambos, las condiciones para la continuidad de sus enseñanzas, eran las ideales.

Además de Sapor y Ormuz, Mani contó con la simpatía de la reina de Palmira, Zenobia, quien además se comprometió con llevar su mensaje a Egipto y más allá.

Muerte de Mani y el fin del maniqueísmo

Mani y el maniqueísmo, se mantuvo mientras contó con el apoyo de la realeza, a pesar de no contar con la tolerancia del resto de credos, ya que éstos veían en el maniqueísmo una amenaza a su esencia.  El zoroastrismo era en ese momento la religión oficial persa. Sus sacerdotes apoyaron a Bahram I, en la persecución y muerte de Mani.

A pesar de este intento por acabar con el maniqueísmo, no desapareció del todo. Durante la Edad Media, época de fuerte sacudida para el cristianismo, corrientes de herejías, como el priscilianismo, catarismo o albigenses, usaron sus preceptos.

La duración de Ormuz en el poder fue corta, murió un año después. Fue sucedido por Bahram I, quien era un fuerte enemigo de Mani, y a posteriori, con el apoyo de los magos del zoroastrismo, logró apresarlo y condenarlo a muerte.

Se cree que su muerte ocurre entre los años 274 y 277, en Gundeshapur. Tras veintiséis días de encarcelamiento, Mani fue arrestado, condenado, crucificado y desmembrado, como “ejemplar castigo” a sus seguidores.

Este período de prisión, fue llamado por sus discípulos como “la pasión del Iluminador” o “la crucifixión de Manes”.

Veinte años después de la muerte de Mani, en el año 297, Diocleciano prohíbe el maniqueísmo, argumentado ser una práctica religiosa peligrosa para el Estado.  A pesar de creerse que murió en prisión, por orden del emperador Bahram I, hasta ahora se tienen dudas sobre la forma en que fue ejecutado.

“El maniqueísmo” ¿con nosotros o en nuestra contra?

Mani buscó envolver su religión, con un velo de virtud y ciencia, cuando en realidad lo que buscaba era disfrazar u ocultar su falta de aceptación a pensamientos distintos a los propios.

A los maniqueos, los movía el principio de la perfección, no existía para ellos el libre albedrío, si no los apoyabas, estas en su contra. Veían el cosmos dividido en dos, el bien o luz y el mal u oscuridad. Se creían justos y perfectos, los escogidos. El resto, estaba en la oscuridad y representaban el mal.

Salvación por conocimiento

El maniqueísmo era una especie de gnosticismo que prometía la salvación a través de la gnosis (conocimiento) de la existencia espiritual. El hombre carnal es una creación del Dios malvado, que logró encerrar en la materia, mediante las fuerzas oscuras, al hombre original o primitivo, creado por el Dios bueno. Por esto, el hombre debe redimirse de la materia a través de la penitencia o ascetismo, el conocimiento e iluminación espiritual.

El maniqueísmo se divide en tres grandes episodios

  • El primero en donde todo está separado en dos partes: espíritu y materia, Dios y el mal, luz y tinieblas.
  • En el segundo, está la rebelión de las fuerzas oscuras. La lucha de las tinieblas por querer subir hasta la luz y mezclarse con ella, dentro del hombre.
  • En el tercero y final, se restablece la condición original. El hombre que supera la materia se eleva al paraíso. Aquel que se mantuviese con la materia, por no querer desprenderse de los males, -fornicación, procreación, gula-, estaba condenado a seguir renaciendo en otros cuerpos.

Se propagó por todo el Imperio Romano, durante los siglos IV y V. En su paso por el norte de África, logró captar la atención de Agustín de Hipona, un joven pagano, inteligente e impetuoso. Pero, quien sería más adelante, después de convertirse al cristianismo, uno de los enemigos más acérrimos del maniqueísmo y el doctor más importante de la iglesia cristiana.

Perseguidos y acosados

Pese a los múltiples hostigamientos sufridos en Persia, el maniqueísmo se mantuvo y superó la persecución de los musulmanes en el siglo X. Debido a esta, la sede principal se trasladó a Samarcanda.

Otros misioneros maniqueos siguieron, y se instalaron en China, a finales del siglo VII. Allí se mantuvieron hasta el siglo IX, cuando empezaron nuevamente a ser perseguidos. Sin embargo, ciertas comunidades adeptas a esta doctrina se mantuvieron allí hasta el siglo XIV.

En Turquestán oriental, durante el reinado Uigur, siglos VIII-IX, se le reconoció como religión estatal. Esto culminó con la invasión de los mongoles en el siglo XIII.

La época de Mani, es una etapa de crisis espiritual, cultural y social. Los Magos luchan por imponer su cultura, siendo su más fuerte representante el insidioso conspirador Mago Kerder, promotor de una iglesia de Estado y de un nacionalismo primitivo.

Sin el apoyo de la realeza, Kerder logra imponer la Ley de los Magos, convirtiéndose en el bastión de apoyo del rey Bahram I, en la persecución de Mani.

Mani se debatió en un mundo cristiano bautista con una gran influencia de las costumbres judías. Es la época de inicio de la fe cristiana, de su arraigo, pero rozada por muchas tendencias, que lograban alejarla o acercarla a sus raíces judías.

Los primeros cristianos profesaban una fe, de una condición tan excelsa, que les permitía soportar cualquier cantidad de represiones. Estas comunidades eran solidarias, caritativas e igualitarias, como ninguna otra.

Ritos del maniqueísmo

Mani halló en el Himno a la caridad, la resonancia de la compasión que lo acompañaba:

Procurad, pues, los dones mejores. Más yo os muestro un camino aún más excelente. Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy…

Por su rechazo a lo material, el maniqueísmo no albergaba ningún rito, ni símbolo material. Sus componentes esenciales eran el conocimiento, la renuncia o desprendimiento de todo lo material, la oración, la confesión, los himnos espirituales y la limosna.  Era un culto caracterizado por su simplicidad, sin altares, sin ritos.

Su devoción era transmitida en oraciones y cantos dirigidos a los ángeles redentores, como una especie de diálogo con ellos.  Los himnos maniqueos, encontraron su inspiración en el libro el Canto de la Perla, que es un himno gnóstico al “salvador salvado”.

Búsqueda de la inspiración

Mani, al igual que muchos de los primeros cristianos, leía textos apócrifos, entre los que destacan el Evangelio y los Actos de Tomás, ejerciendo gran influencia en él. Su principal búsqueda era entender la condición del hombre y conseguir como librarnos del sufrimiento. Estudió las culturas y religiones de su época.

Y encontró que la forma en que el hombre se podía librar del sufrimiento, era rechazando la violencia y ese sentimiento de vivir como extranjero en el mundo, admitir el fracaso en este mundo terrenal.

Los seguidores de su doctrina, por más de mil años, en comunidades diferentes no abandonaron sus principios, por el contrario, estudiaban e interiorizaban buscando la perfección de su fe.

Fue un excelente observador de la naturaleza, y logró plasmarlo en sus pinturas. Quiso transmitir un mensaje de motivación a buscar la luz y librarse de la oscuridad.

Entre los hallazgos de esta doctrina, se tiene el descubrimiento en el año de 1930, en El Fayum de un conjunto de papiros de sus textos y de sus discípulos, con traducciones al copto.

Existe una novela histórica, titulada Les jardins de lumiére (Los jardines de luz). Fue escrita por el escritor libanés Amin Maalouf, y publicada en el año 1991, y se cree está basada en la vida del sabio Mani.

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