Símbolos del Femenino y el Masculino: de dónde provienen y cuál es su historia

La historia se va desarrollando a partir de pequeños movimientos que se ejecutan a partir de preocupaciones personales, hasta que se hace masivo. Más o menos así se fue construyendo el desarrollo de los símbolos del Femenino y el Masculino.

Se considera la raíz de su uso, en tanto su significado cumplía parámetros y finalidades completamente diferentes. Pasó de estar completamente ligado a la mitología grecorromana, hasta usos alquímicos que terminaron siendo empleados en una feminidad y masculinidad creadas bajo un constructo social determinado.

En efecto, progresivamente se fueron desarrollando críticas en las que un grupo de personas, sintiéndose no identificadas con ninguno de estos dos símbolos, rechazados socialmente. Manifestando estar fuera de la norma, y trabajando en pro de una nueva construcción social donde ya no fueran excluidos, partiendo a nuevas construcciones simbólicas de otras tantas sexualidades.

¿Qué son los símbolos del Femenino y Masculino?

Muchos habremos visto los símbolos para identificar qué son los símbolos del Femenino y el Masculino, socialmente asociados a la mujer y el hombre (♂ y ♀). Aunque exista un trasfondo cultural entorno a ellos, donde se incluyen colores y etiquetas, entre otros, para relacionarlos con las masculinidades y las feminidades, se sabe que sus orígenes provienen de la mitología grecorromana.

A lo largo de la historia, se han transformado en tanto al sentido que desde el inicio, aportaban a la humanidad. Se les relacionó, igualmente, con la astrología, astronomía y la alquimia. Asimismo, se combinan con las hipótesis provenientes de la mitología grecorromana.

La hipótesis de los pictogramas

La hipótesis de los pictogramas postula que los símbolos provenían de la simplificación de elementos icónicos, los cuales representaban a los dioses con los que se relacionaba cada cuerpo celeste. Un ejemplo de ellos está en Saturno, así como a Cronos (de la mitología grecorromana), se les relacionaban con guadaña, que con el tiempo se convertiría en una Oz.

A Hermes, o Mercurio, por ejemplo, se le relacionaba con el caduceo, un bastón con serpientes. Para Ares, o Marte su relación estaba de la mano con una lanza o un escudo (quizás por ser el dios de la guerra). Sin dejar de lado a Venus, Afrodita, era un simple collar, también intercambiado por un espejo, por algunos autores.

La hipótesis del monograma

En la hipótesis del monograma, se cumplía la idea de que los símbolos son la evolución gráfica involuntaria o voluntaria, de la mezcla de letras griegas. Para Saturno y Júpiter, las letras Kp y Z, de sus nombres griegos Krónos y Zeús. Pero para Venus y Mercurio, sería la Et y táo de phosphoros y stilbon; empleado por los griegos para las estrellas errantes o astra planetas.

Saturno
Júpiter

Igualmente, se entendía a Venus como la portadora de la luz, y a Mercurio, como la brillante. Para martes, por el contrario, sería la theta o zeta Θ y ρ Ro o Σ Sigma. Los cuales, al combinarlos, generan el ♂. Todo esto es así gracias a un catálogo inicial que representaba los planetas clásicos, incluyendo al Sol y a la Luna.

En el contexto astronómico

Progresivamente, la astronomía fue descubriendo nuevos mundos, fueron agregándose otros símbolos al catálogo inicial. A Urano, por ejemplo, fueron dos los que se le asignaron. Por un lado, un símbolo basado en el alquímico de platino, y otros que dicen ser uno de la inicial H, por consistir en un globo con la letra encima, en honor a Herschel (su descubridor), propuesto por Joseph Lalande, astrónomo.

Urano
Urano

Por otro lado, a Neptuno se le asignó un pictograma en forma de tridente u horca de tres puntas. Incluso, otros cuerpos celestes, asteroides y planetas pequeños, recibieron sus propios símbolos. Es así como se pasa de los dioses a la astronomía, y de esta a la astrología, y de los astros a los talleres de los alquimistas.

Neptuno

En el contexto de la alquimia

Los símbolos aparecen en la alquimia desde el siglo desde antes del siglo XVII, estableciendo una conexión entre lo divino, lo astronómico y lo material. Existe un enorme catálogo de símbolos nuevos, desde entonces, aunque también viejos, de los escritos alquímicos.

Los símbolos planetarios son empleados para los metales: Marte (♂) para el hierro, y Venos (♀) para el cobre-bronce. Entre los legados dejados por la alquimia, también estaban los símbolos que pasaron a la química de la farmacología. Sin embargo, fue popular en el siglo XVIII, gracias a Carlos Linneo, quién estudiaba en Suecia para aquél entonces.

Atribuciones de Carlos Linneo

Carlos Linneo contribuyó enormemente tanto en la ciencia, como en la botánica. Él conocía a la perfección tanto el origen, como el significado de estos símbolos. Esto se sabe gracias a sus escritos, donde aparecen anotadas tales referencias atómicas y químicas.

Fue Linneo el primero en emplear a Martes y a Venus, para designar organismos a los símbolos del Femenino y el Masculino. Primero lo realizó en plantas, y luego en animales. Recordemos que el dios de la guerra es Ares, mientras Afrodita es la diosa de la fecundidad y el amor, correspondían a los estereotipos propios de la masculinidad y feminidad de la antigüedad.

Los símbolos del Femenino y el Masculino hacia los años setenta

Fue hacia los años setenta cuando el sexo biológico se separó del género. A quién se le atribuye esto, es al psicólogo John Money. Sin embargo, fue gracias a las teorías feministas que se popularizó en esta década.

Una de quién lo impulsaría fue la socióloga y feminista Ann Oakley, conocida por su tratado Sexo, Género y Sociedad, siendo la primera en, además, introducir el término género dentro de los discursos de las ciencias sociales.

En Estados Unidos, a principios de la década de los setenta, otro de los símbolos del Femenino y el Masculino apareció en los baños públicos. Este en particular, fue diseñado por el Instituto Americano de Artes Gráficas para el Departamento de Transporte.

Nuevos símbolos del Femenino y el Masculino

Sin embargo, al mismo tiempo que todo esto ocurría, también se desarrollaba un importante cambio, que progresivamente nos llevaría a cuestionarnos los conceptos de sexo, género, identidad, orientación, preferencias, roles, entre otros.

Con ello, vino una nueva ola de símbolos, cuestionando, al mismo tiempo, los ya establecidos. Todo ello para poder categorizar otras tantas experiencias, otros tantos rasgos de la humanidad que habían estado sesgados por el constructo social.

Todo esto no solo incluía a lo tradicionalmente conocido como masculino y femenino, sino a lo no binario, o lo que estaba ya fuera de la norma (y que quizás aún hoy sigue estando). Estos símbolos, a diferencia de los del pasado, no forman parte de un catálogo fijo, ni estandarizados.

Puede, incluso, que las personas a las que representan, no se sientan identificadas con tales símbolos. A pesar de ello, los símbolos del pasado siguen presentes en la cultura de masas, aunque quizás en algunos lugares se haya desvanecido.

¿Qué quedó de los símbolos químicos y astronómicos?

La química, por ejemplo, atrás los dejó con la nomenclatura propuesta en 1814 por el sueco Jöns Jacob  Berzelius. La astronomía optó por otras formas de categorización de los cuerpos celestes, a medida que el número de descubrimientos aumentaba, así como la complejidad de los símbolos. Es por ello que hoy día empleamos un número según el orden en el que fueran descubiertos.

Asimismo, la Unión Astronómica Internacional (IAU), rechaza el uso de los símbolos tradicionales, para los planetas pertenecientes del sistema Solar, recomendando el empleo de sus respectivas iniciales.

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