Máquinas de papel : tarjetas y catálogos de bibliotecas 1548 – 1929

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Krajewski, Markus. Paper Machines About Cards & Catalogs, 1548 – 1929 translated by Peter Krapp. MIT, 2011

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Hoy en día cualquier oficina tiene un ordenador. Hace ochenta años, los escritorios estaban equipados con una máquina de escribir o un archivo de tarjetas. En máquinas de papel, Markus Krajewski traza la evolución de este proto-ordenador de piezas reactualizables (tarjetas de archivos) que se convirtió en habitual en las oficinas entre las guerras mundiales.

La historia comienza con Konrad Gessner, un gran pensador suizo del siglo XVI que se describe un nuevo método de procesamiento de datos, cuando cortó una hoja de papel con las notas escritas a mano que le permitía disponer de fichas individuales. A finales del siglo XVIII, el catálogo de fichas se convirtió en la respuesta del bibliotecario a la amenaza de sobrecarga de información. Luego, a comienzos del siglo XX, el sistema fue adoptado la tecnología de la tarjeta de catálogo como una herramienta de contabilidad. Krajewski explora este desarrollo conceptual y considera los archivos de tarjetas como “máquina universal de papel” que lleva a cabo las operaciones básicas de almacenamiento, procesamiento y transferencia de datos. Al contar su historia, Krajewski habla de como surgieron los catálogo de fichas, y como en la Universidad de Harvard fue pionera en el primer desarrollo de un sistema de fichas legibles por ordenador ante la incapacidad de los bibliotecarios de mantener el catálogo actualizado, también nos habla de como Melvil Dewey (creador del Sistema Decimal Dewey) contribuyó con su negocio de diseño de fichas y mobiliario para las tarjetas a  mejorar la transferencia de una tecnología a otra.

La evlucion del catálogo de la biblioteca: teecnología catalográfica desde los papiros a los ordenadores

 

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Una mujer usando el catálogo de fichas en la sala de lectura principal de la Biblioteca del Congreso, alrededor de 1940. Foto: Biblioteca del Congreso

The Evolving Catalog
Cataloging tech from scrolls to computers
By Karen Coyle | January 4, 2016 en American libraries

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OCLC dejó de actualizar su catálogo impreso el 1 de octubre de 2015, poniendo fin a una época que duró más de 150 años. El catálogo de la biblioteca ha cambiado a medida que lo ha hecho la tecnología, en este artículo de Karen Coyle se hace un repaso a su historia y a su desarrollo futuro.

La tecnología de catálogo de la biblioteca en la época que vivió Cutter era un libro impreso. Los catálogos impresos tenían las mismas ventajas que los propios libros: podían ser producidos en varias copias y eran altamente portátiles. Una biblioteca podía proporcionar una copia de su catálogo a otra biblioteca, por lo que es posible que otros usuarios puedan descubrir en la distancia el documento que necesitaban. Las desventajas del catálogo impreso, tiene que ver con el incremento de las colecciones. Un catálogo impreso necesitaba de una actualización casi constante, ya que nada más imprimirlo ya estaba desactualizado; ya que el tiempo requerido para producir un catálogo impreso (en una época en la que la impresión que requería componer cada página) significaba que el catálogo podría estar muy desfasado nada más salir de la imprenta. La actualización de un catálogo impreso conllevaba la reimpresión en su totalidad, o la producción de volúmenes suplementarios con las obras ,más recientemente incorporadas a la biblioteca, lo que suponía que buscar en el mismo se convertía en un un hecho bastante tedioso.

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Catálogo manuscrito de la Biblioteca de la Universidad de Lawrence, hacia 1855.

Se atribuye el desarrollo del catálogo de fichas a Esdras Abad en 1861, Esdras era ayudante de biblioteca de la Universidad de Harvard. Aunque desde nuestra perspectiva actual el catálogo de tarjetas no cumple con todas las necesidades de la manera más eficiente como sería de desear, el catálogo de fichas en aquel tiempo supuso disponer de un instrumento muy valioso de actualización continua para los usuarios de las bibliotecas y los bibliotecarios. Aunque las dichas de papel se habían utilizado en épocas anteriores, en particular, por la década de los bibliógrafos y enciclopedistas porque facilitaban tener una presentación ordenada de un gran número de entradas individuales. Pero para las bibliotecas de aquella época demostró ser una herramienta útil y flexible. Y de este modo  en 1877 el “Comité de Cooperación” de la Asociación Americana de Bibliotecas (ALA)  recién constituido anunció su decisión de normalizar el uso y medidas que debería tener la ficha de catálogo de las bibliotecas. 

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Catálogo de fichas

Y fue precisamente una compañía dirigida por Melvil Dewey “The Library Bureau”, el creador de la clasificación decimal, la que empezó a diseñar y comercializar el mobiliario por todos conocido necesario para alojar el catálogo de fichas y una variedad de productos basados ​​en las tarjetas para el creciente mercado americano. Eso si tuvo la deferencia de suministrar las fichas de cartón a un precio más bajo que sus competidores. Ante su utilidad, poco tiempo después otros países europeos como el Reino Unido empezaron a utilizar ficheros de tarjetas en las bibliotecas. Incluso Markus Krajewski, en su libro sobre la historia del catálogo titulado Paper Machines: About Cards and Catalogs, 1548–1929 (2011), considera que el catálogo de fichas pone las bases para la creación del primer prototipo de base de datos automatizada, debido a la forma en que estructuran los datos en unidades manipulables que permitían el reordenamiento de los datos para diferentes propósitos.

No podemos obviar que uno y otro sistema (catálogo impreso y de fichhas), aunque ahora nos parezcan caducos eran aplicaciones tecnológicas a las bibliotecas, tal como lo fue la  máquina de escribir que trajo una mayor uniformidad al catálogo de fichas que el más bonito catálogo de fichas manuscritas, lo que además aumentó la cantidad de información que se podía incluir en en la superficie de una ficha de cartón de aproximadamente tres por cinco pulgadas.

Después de Dewey, la persona que tuvo el mayor influencia ejerció sobre la tecnología que se aplicaría en las biblioteca fue Henriette Avram (1919-2006), creador del formato de lectura mecánica de catalogación (MARC). Henriette fue un innovador en cuanto a la capacidad de cómputación a mediados de la década de 1960 cuando desarrolló el formato MARC, si bien la capacidad de los ordenadores de entonces para el manejo de datos de texto era muy limitada. A pesar de todo fue un adelantado de su tiempo, ya que el desarrollo de un catálogo automatizado en línea aún tardaría más de una década en ser inventado. Pero esto posibilitaba crear listados que facilitaban enormemente muuchas de las tareas de las bibliotecas.

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Henriette Avram presenta una cinta magnética que contiene 9.300 registros en formato MARC a Richard Coward de la Bibliografía Nacional Británico de 1967.
Foto: American Libraries, octubre de 1989

El siguiente desarrollo en la tecnología de catálogo fue la creación del catálogo informatizado (OPAC). Las motivaciones principales para que el catálogo en linea fuera una realidad tienen que ver con la necesidad de compartir información sobre los fondos con todo el sistema universitario del estado (y el ahorro de costes asociados) y eliminar la ineficiencia que suponía la producción y mantenimiento de grandes catálogos de fichas a medida que las colecciones fueron creciendo. Además para una biblioteca de investigación es muy importante tener un catálogo actualizado, y al día, por entonces OCLC actualizaba sus fichas cada 3 meses, por lo que la solución era poder tener un catálogo en línea como una necesidad perentoria.

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Catálogos de bibliotecas en línea (OPAC) de la década de 1980 con el sistema Dynix.

Los registros MARC fueron en esencia un subproducto de la producción de fichas en tarjeta. Y ahora, unos 35 años después, seguimos utilizando el mismo sistema a pesar de que la tecnología de la información ha cambiado de manera espectacular durante ese tiempo. El registro MARC, diseñado como un formato transferir los datos bibliográficos a la impresora, no se adecua bien a los sistemas de almacenamiento y manipulación de bases de datos. Es muy posible que el mayor error cometido en las últimos dos o tres décadas por parte de las bibliotecas es no haber creado un nuevo estándar de datos que se adapte mejor a la tecnología moderna y menos una imitación de la tarjeta legible por ordenador. Eso no quiere decir que los catálogos en línea no utilicen la tecnología de las base de datos para proporcionar capacidades de búsqueda y visualización, pero si es bien cierto que estos sistemas están lejos de ser el ideal desde el punto de vista de la tecnología de la información. El verdadero problema es la falta de adecuación de los modelos entre el sistema cuidadosamente elaborado de una entrada del catálogo y la funcionalidad inherente del sistema de gestión de base de datos. Los sistemas de gestión de bases de datos, que son esenciales para permitir una búsqueda eficiente de grandes cantidades de datos, funcionan en un principio completamente diferente del archivo secuencial en el que se basa el catálogo de fichas.  Un sistema de gestión de base de datos es capaz de realizar lo que se denomina “acceso aleatorio”, que es la capacidad de ir directamente a la entrada o entradas que coinciden con la consulta. El conjunto de entradas recuperados puede ser radicalmente diferente a las áreas de la secuencia alfabética, y una vez recuperadas ya no están en el contexto previsto por el catálogo alfabético. Ya que los sistemas de gestión de bases de datos incluyen la capacidad de tratar cada palabra de una oración o una cadena de búsqueda como una unidad por separado. Así es como funcionan los motores de búsqueda como Google,  ya no hace hacer una búsqueda teniendo en cuenta la entrada que vienen determinado por las reglas de catalogación de la biblioteca. No es necesario para buscar escribir “Neptuno, Plaza de”, ya que podremos buscar por cualquiera de los términos o en su forma directa. Más aún cuando sabemos por estudios llevados a cabo que la búsqueda por palabra clave es la más utilizada por la inmensa mayoría de los usuarios de la biblioteca. Toda la base del mecanismos de búsqueda basada en las reglas de catalogación se ha vuelto irrelevante en el diseño de los catálogos en línea, y el funcionamiento básico del catálogo en línea no implementa el modelo previsto del catálogo de fichas. Paralelamente los desarrolladores de sistemas simplemente no entienden, ni desean entender la intención del catálogo, el malentendido en realidad va en ambos sentidos. Las razones de este impasse despúes de 35 años son complejas y conlleva componentes sociales y económicos. No es fácil de explicar por qué el cambio no se hizo en ese momento de nuestra historia de la tecnología, pero al menos uno de los factores fue la falta de comprensión de que la catalogación simplemente fue una respuesta a las posibilidades técnicas de cada momento, ya fuese en la época de los catálogos impresos, de fichas o legibles por ordenador.

A diferencia de la mayoría de las otras comunidades profesionales, la comunidad de bibliotecas continúa desarrollando algunas normas sobre los datos clave que a su juicio son “tecnológicamente neutrales.” Es, sin embargo, es evidente que todos los datos creados hoy serán procesados ​​por computadoras, será gestionado por software de bases de datos, serán buscados utilizando las capacidades de búsqueda de base de datos, y serán visitados por los usuarios a través de una red informática.

 

 

Sólo un 25% de los usuarios de bibliotecas estadounidenses llevaron en préstamo un libro electrónico

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“Digital Content in Public Libraries: What Do Patrons Think?” BISG, 2016

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El informe más reciente de la industria editorial realizado por BISG “Digital Content in Public Libraries: What Do Patrons Think?, a pesar de que más de la mitad de los usuarios de biblioteca son conscientes de que sus bibliotecas disponen de libros electrónicos y audiolibros digitales, relativamente pocos de ellos accedieron a este servicio en el año anterior, concretamente sólo un 25% de los usuarios de bibliotecas llevaron en préstamo un libro electrónico. 

El estudio, llevado a cabo en la primavera de 2015, recogió 2.000 respuestas de adultos mayores de 18 años, una de las evidencias que se pusieron de manifiesto es que los usuarios no están en contra del uso de medios digitales; el 58% dijeron que leen literatura de ficción en formato digital en alguna ocasión, una cifra que se redujo a 53% de los usuarios de lectura de no ficción. La mitad de los usarios dijeron que nunca leen libros para niños en formato digital.

Las tasas relativamente bajas se produjeron a pesar del hecho de que el 58% de los usuarios dijeron que saben que su biblioteca ofrece dos libros electrónicos y audiolibros digitales. Los usuarios de la biblioteca también llevaron en préstamo contenidos digitales con menos frecuencia que los que no usan las bibliotecas; El 44% de los usuarios dijeron que habían leído un libro electrónico en el último año, y el 12% había escuchado un libro de audio digital.

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Según el informe el mayor impedimento que consideran los usuarios respecto a porque no se llevaron en préstamo más libros electrónicos tiene que ver con la falta de disponibilidad de muchos de los títulos en formato digital, seguido por una preferencia por los libros en impresos. Otra consideración importante es que el período de préstamo de libros electrónicos es demasiado corto.  Los usuarios también manifestaron estar más satisfechos con la selección de libros impresos de su biblioteca que con la llevada a cabo para los contenidos digitales, pues el 90% de los usuarios estaban satisfechos con la selección de los títulos impresos para adultos, pero sólo el 51% lo estaban con los títulos disponibles de libros electrónicos. El patrón se repitió en todas las categorías de contenido, incluyendo periódicos y revistas. Sólo el 39% de los usuarios dijeron que estaban satisfechos con la selección de ambos (periódicos y revistas digitales), mientras que el 65% estaban contentos con la variedad de títulos de revistas impresas, y el 63% satisfecho con la selección de los periódicos impresos.

La falta de disponibilidad de un libro electrónico no significa, sin embargo, que muchos usuarios no lean ese título en particular: el 37% dijo que lo solicitarían en reserva y esperarían a su disponibilidad, mientras que el 24% dijo que lo pediría prestado en formato impreso, y otro 12% dijo que se descargaría una copia ilegal. Sólo el 3% de los usuarios dijo que no lo leería o que leería otro título.

El coste de la publicación de monografías: hacia una metodología transparente

 

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Nancy L. Maron,  Christine Mulhern,  Daniel Rossman,  Kimberly Schmelzinger. The Cost of Publishing Monographs: Toward a Transparent Methodology [e-Book]  Ithaka S+R, 2016

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El modelo de negocio que durante tantos años han desarrollado las editoriales académicas se enfrenta a numerosos retos, en primer lugar la presión ejercida por unos presupuestos en disminución, el declive de las librerías y el cambio en los patrones de compra de las bibliotecas, y la llegada de la digitalización que les está enfrentando a nuevos modelos emergentes que aún no generan el suficiente valor añadido esán poniendo muchos de los presupuestos con los que fueron válidos en cuestión.

En los últimos años han surgido y intensificado los mandatos de acceso abierto, la disminución de las ventas, y el deseo de las universidades de dar mayor visibilidad a su publicación académica ha llevado a considerar seriamente la posibilidad de disponer en acceso abierto de las monografías académicas publicadas por la propia institución. Si bien se han llevado a cabo numerosos esfuerzos para evaluar los costos de publicación de una monografía académica, este estudio intenta identificar todos los factores que entran en juego en relación con los costos en la publicación de la monografía académica y considerar con datos fiables la viabilidad y sostenibilidad de proyectos de este tipo.

Gestión del conocimiento. Planeta Biblioteca 15/05/2014

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En nuestro Planeta hemos tenido hoy a Valentino Morales. Valentino es doctor en Estudios Organizacionales por la Universidad Autónoma Metropolita na, Unidad Iztapalapa. Doctor en Bibliotecología y Estudios de la Información por la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) Medalla Alfonso Caso, otorgada por el Consejo Universitario de la UNAM. Hemos charlado con Valentino acerca de que es la gestión del conocimiento, como se produce la gestión de a transferencia de conocimiento en las organizaciones, que debe hacer una organización para gestionar su conocimiento, cuales son las ventajas competitivas de la gestión del conocimiento para la organización. El papel del bibliotecario en la gestión del conocimiento en su organización. Y finalmente nos ha hablado de la labor de infotec, como funciona, cuales son sus objetivos y los logros conseguidos por esta organización en su trabajo de llevar la gestión del conocimiento a las pymes. Enlaces INFOTEC. http://www.infotec.com.mx/