El cuento de Pinocho: completo y actualizado

Había una vez un carpintero muy anciano, pero con gran sabiduría, cuyas obras hechas con gran madera eran de las mejores de su región. Este anciano, de nombre Maestro Cereza, solía subir hasta lo alto de una montaña, hacia las profundidades de ese bosque, para talar la mejor madera.

Una mañana deslumbrante por su clima frío, pero soleado y resplandeciente, el anciano carpintero se topó con un tronco muy particular. Irradiaba belleza a partir de una brillantez peculiar que no poseía ningún otro tronco. Jamás había visto un tronco igual. Feliz del encuentro, arrastra el tronco hasta su cabaña pensando en la maravillosa mesa que tallaría con él.

Un tronco que susurra

Al llegar a su cabaña, que era también su taller, el maestro rápidamente se preparó para comenzar a trabajar sobre esta nueva adquisición. Pero justo cuando iba a comenzar a cortar, el tronco comenzó a susurrar, y dijo:

  • ¡No me lastimes! ¡Por favor!

El anciano, aunque sorprendido, pensó que estaba soñando. Sin más, se frotó los ojos y tomó ahora un punzón. Con suma delicadeza lo apretó contra la madera, pero esta contestó:

  • ¡Duele! ¡No me pinches por favor!

Ahora sí brincó de susto el maestro, y de inmediato decidió deshacerse de él. No podía contárselo a nadie, lo verían como un loco, mucho más considerando su edad. Al salir rápidamente por la puerta, tropezó con su vecino Gieppetto.

Gieppetto tenía una idea genial

Es la zona en la que viven ambos, un lugarcito repleto de artesanos, los mejores de la ciudad. Viven allí tanto carpinteros, como zapateros, ebanistas, y demás. Su vecino, Gieppetto, no solo era zapatero, sino que también realiza marionetas. Justamente iba a comentarle al Maestro algunas ideas que en mente tenía.

Su idea era nada más y nada menos que una marioneta a escala real, que fuera del tamaño de un niño. Precisamente el Maestro carpintero supo lo que debía hacer para desechar esa madera, así que se la regaló a su vecino Gieppetto. La felicidad del zapatero era incomparable, dando brincos volvió a casa con la madera, pensado ya el nombre de su títere.

  • ¡Pinocho será su nombre!
  • ¡La suerte le acompañará con ese nombre!

Una vez Gieppetto comenzó a trabajar sobre su regalo, éste, por supuesto, se comenzó a quejar:

  • ¡Me lastimas!

Extrañamente, Gieppetto no objetó miedo alguno, tomó un paño para bañarlo con un poco de barniz y también le habló, diciéndole que no lo lastimaría, y que procuraría tallarlo muy despacio y con gran cuidado. De tal manera, que con cuidado, comenzó su trabajo. Cuando ya estaba concluyéndolo, sintió unos fríos dedos de madera tocarle el rostro hasta quitarle los anteojos.

Sin sus gafas, nada podía ver, sino solo escuchar aquella pequeña voz que procedía de la marioneta casi terminada, la cual solo reía y reía. Gieppetto lloró de emoción exclamándole.

  • Estás siendo un hijo bastante travieso, ni he terminado contigo y ya me estás haciendo travesuras.

Gieppetto Terminó la marioneta

Toda la noche le llevó realizar esta marioneta, por la mañana estaría terminada, encontrando una marioneta del tamaño de un niño sobre su mesa.

Con paciencia y dedicación, el zapatero le enseñó a caminar, tomándolo por sus brazos de madera alrededor del taller. En poco tiempo ya estaría dando vueltas a grandes zancadas hasta correr; tal era la adrenalina que pronto abriría la puerta y también saldría a la calle.

Todo parecía salirse de control, pese a la alegría y las risas. El zapatero corrió tras él, pero no podía alcanzarlo. Gritó varias veces para que dejara de correr y volviera, pero seguía corriendo de felicidad. Los vecinos reían al ver tal escena, pero Gieppetto ya no podía más

El primer día de colegio

Una vez concluyó el invierno, llegó el momento del primer día de colegio para Pinocho. Emprendió su rumbo con entusiasmo, mientras pensaba todo lo que quería aprender al colegio, a leer, a escribir, a sacar cuentas… todo para poder retribuirle a su padre Gieppetto una nueva chaqueta. En el trayecto, le interrumpió diversos sonidos orquestales, pero nada afinados.

  • ¿De qué se trata todo esto? –Preguntó Pinocho.
  • ¡Aprende a leer niño! –Es el Teatro Grande de Títeres.
  • ¿Cuánto debo pagar para verlo?
  • Cuatro monedas nada más –respondió otro.
  • ¿Alguien me da monedas por este libro? –Comenzó a preguntar Pinocho mientras de su bolsa sacaba uno de sus libros.

Inmediatamente le compraron todos sus libros. No pasaron grandes minutos para que el gran sacrificio de Gieppetto pareciera haber sido en vano.

Solo al entrar al teatro, era muy notable su presencia. Un pequeño títere andando solamente, sin manipulación de hilos. De hecho, se comenzaron a escuchar gritos de exclamación y emoción al verlo:

  • ¡Pinocho está allí!
  • ¡Ven acá pinocho!
  • ¡Ven con nosotros pinocho!

¡Una marioneta con vida propia!

Todos los títeres gritaban de emoción, haciendo llamados a Pinocho.

Inmediatamente salió el titiritero, sorprendido y maravillado al verlo. Este grotesco hombre de nombre Florencio, con mal aspecto y acostumbrado a obtener cada cosa que quiere, con intensiones únicas de obtener dinero a costa de lo que fuera, vio su oportunidad en Pinocho. ¡Una marioneta con vida propia! Nadie en el mundo tiene algo así, era esta su oportunidad de oro.

Comenzó a imaginarse muchas escenas a costa de pinocho, a medida que le daba la vuelta al mundo, con tan solo un letrero que dijera:

PINOCHO, EL NIÑO DE MADERA, PASEN A VERLO

O algo mucho mejor:

LA MARIONETA HUMANA: PINOCHO

Sería, sin duda, un espectáculo único.

Florencio pensaba muy bien cada una de las cosas que deseaba, cada movimiento que daría. Si reclamaban a Pinocho, su espectáculo no se ejecutaría. Así que lo primero que hizo fue ofrecerle a la marioneta que habla abundante comida, muy variada y deliciosa. Comió tanto hasta más no poder. Luego el titiritero le ofreció una gran cama cómoda en la que Pinocho dormiría plácidamente.

Muy asustado despertó Pinocho en la madrugada, todo estaba muy oscuro. Solo  veía el bosque tenebroso a través de la ventana. No solo sintió un terrible miedo, sino la angustia al pensar en su papá Gieppetto y en lo preocupado que estaría al ver que no volvería del colegio. Intrigado, además, pensaba en lo que querría Florencio con él.

El carruaje seguía andando, hasta que por fin se detuvo. Florencio se dirigió a ver si Pinocho seguía o no dormido. Con gran astucia Pinocho no sólo fingió dormir, sino incluso, roncar. De tal manera que Florencio cogió mayor comodidad para seguir durmiendo.

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Pinocho Huye de Florencio y cae en otras redes

Un rato después, Pinocho se aproximó lentamente hacia un agujero ubicado entre las telas del carruaje. Sin mirar atrás arrancó a correr una vez supo que estaba en el suelo.

Corrió y corrió en dirección al pueblo del que vino, hasta tropezar con zorro cojo y un gato que estaba medio ciego. Se detuvo allí para conversar con ellos.

Pinocho contó su historia, al menos lo que le acababa de ocurrir. Estos dos personajes, avaros como el titiritero, pensaron de manera muy similar: Pinocho les haría ricos en dinero. Lo único que tenían que hacer, es ser mucho más astutos que Florencio.

Para retener a Pinocho, le convencieron de que no debía volver a casa sin un obsequio para Gieppetto, así este pudiera perdonarle.

  • Nosotros te ayudaremos, conocemos unos cultivos mágicos.
  • ¡No es posible que eso exista! –Dijo Pinocho.
  • Yo te explicaré muy bien –afirmó el zorro.
  • Existe un campo de nombre Campo de los Milagros, justo en la tierra de la Lechuza Común. Si te diriges allí y colocas una moneda de oro en uno de los agujeros pequeños de esas tierras, en 24 horas conseguirás un inmenso árbol con muchas monedas nuevas.

Ya que él mismo era un títere viviente, ¿cómo no creer esta historia? Así que siguió a sus supuestos nuevos amigos. La dirección que tomaron los llevó a La taberna del Gamberro con la intención de simplemente celebrar. Quedaron exhaustos con intensiones de ir a la mañana siguiente a su destino.

Pinocho, tras un momento de lucidez, consideró la posibilidad de que podían estarlo engañando tal como lo haría el titiritero. Tras un gran silencio en aquella taberna, Pinocho intentó escapar, solo que no legaría muy lejos. El tabernero lo sorprendió y le haló una de sus piernas:

  • ¿Pensabas irte sin pagar? Eh? –dijo el tabernero.

Pinocho, desesperado y con miedo, trató de explicarle lo ocurrido. Pero el hombre nada que comprendía y solo pensó que se trataba de una estafa. El tabernero gritaba tanto, que su voz se alcanzó a oír en una sala alterna, donde estaba un famoso director de Circo, cuya finalidad era recorrer lugares buscando extrañezas para reclutar y completar su circo.

A pinocho le comienza a crecer la nariz por cada mentira

El Maestro Lui –llamado así el director de Circo-, se acercó con gran intriga hasta la cocina, donde se encontraban Pinocho y el tabernero en medio de su lucha.

  • ¡Págame o te llevaré con tu padre halándote de las orejas! –gritaba el tabernero.

Pinocho creía que si le mentía al tabernero, podría escapar, por tal razón le comenzó a insistir que él no tenía padres, que era huérfano. Inmediatamente le comenzó a crecer la nariz.

Los tres que allí se encontraban quedaron, por algunos segundos, congelados ante tal escena. Pinocho solo tocaba, asustado, su larga nariz, a medida que bizqueaba los ojos; el tabernero se limitaba a soltarlo lentamente, dispuesto a perdonar su deuda creyendo que se trataba de brujería, mientras el Maestro Lui se maravillaba ante tal posible espectáculo para su Circo.

Pinocho huye, aunque fuera perseguido por el director de Circo, quién esperaba un momento oportuno para acercarse a él. Pero para Pinocho era complicado caminar con una nariz tan larga; se quedó estancado en una alcantarilla, intentó sacarla pero no lo lograba. De tal modo que el Maestro Lui vio la oportunidad perfecta para acercarse a Pinocho. Fue, y ofreció su ayuda.

Pinocho se detuvo ante él, aún con la nariz en la alcantarilla, impresionado por el aspecto de este sujeto. El sombrero que tenía, era muy largo, morado y de terciopelo, su chaqueta portaba gran elegancia, pero igualmente morada, con un bastón de oro. Además, poseía unos guantes blancos, con los que, delicadamente, tomó la nariz de pinocho y la haló de un lado a otro pero no lograba ayudarlo.

Una voz le hablaba a Pinocho y le decía que buscara a su padre

El Maestro del Circo se le ocurrió hacer uso de aceite para ayudarle. Allí pasaron algunos minutos más, en el proceso para zafarse, hasta que Pinocho escucharía una voz desde el fondo de la alcantarilla, que le advertía que debía irse de allí, porque su padre lo estaba buscando.

Pinocho, sin saber qué pensar, notó que la voz venía de un pequeño grillo que le hablaba desde el fondo de la alcantarilla.

  • ¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres decir? –preguntó Pinocho.
  • Soy Pepito Grillo, tu conciencia, he llegado acá para ayudarte a conseguir el camino correcto.
  • ¡Esto es una tontería! ¿un grillo que habla? ¡qué mentira tan estúpida!
  • ¿Qué dices tú pinocho? ¿Qué acaso no eres una marioneta que habla y anda sola?
  • ¡No lo soy! ¡Yo soy un niño de verdad!

Para ese momento, volvió el Director del Circo con la botella de aceite y sin más, le piso en la nariz a Pinocho para sacarlo de allí. Libre ahora Pinocho, no se preocupó de escapar de este hombre desconocido, pero porque no tuvo tiempo alguno, éste, sin más, lo metió en un saco y se lo llevó.

  • Ahora tú serás mi empleado, será tu pago por salvarte la vida. –Dijo el Maestro Lui.
  • Pinocho –dijo el grillo que apareció nuevamente- no obedecer te está llevando a un mal camino.

Pinocho no hace caso a la voz del grillo

Sin embargo, Pinocho, sin ganas de nada, no prestó atención alguna al grillo, así que desapareció.

Así pasarían los días mientras Pinocho trabajaba en el Circo para el Maestro Lui, y gracias a que ya entendía que al decir mentiras su nariz crecería, siendo así el centro de atención del público. Muchos viajarían desde lejos solo para verlo a él.

Gieppetto tiene noticias de Pinocho

Muy pronto en el pueblo donde vivía Gieppetto, se enterarían del espectáculo de Pinocho, razón por la que este zapatero pensaría en buscar a su hijo. Una noche tendría un sueño en el que un hada se sentaría bajo sus pies, justo frente a su cama y le diría:

  • Aunque Pinocho tiene un noble corazón, no hace caso alguno a su conciencia. Él deberá aprender y a reconocer el bien del mal, si lo logra con ayuda de su conciencia, a ambos les concederé su mayor deseo: que Pinocho deje la madera, por la carne y el hueso.

El zapatero despertaría muy agitado, sudando y desesperado por encontrar a Pinocho. Ya estaba tomada la decisión, todas sus herramientas las vendió y todas sus cosas, incluso su taller. Con parte de ese dinero un burro alquiló, y guardó monedas con la intensión de pagar por su hijo de madera.

Su rumbo fue directo a la comarca de Circo que llevaba a su hijo, pero bastaba que él llegara, como para encontrar que el circo ya había partido.

Pinocho Arrepentido

Pinocho estaba poco a poco aún más triste y desconsolado, solo se arrepentía de las malas decisiones que había tomado. Si tan solo desde el inicio hubiera ido al colegio, nada de esto hubiera ocurrido. Pero si se acordaba de su padre Gieppetto, su tristeza crecía aún más.

Poco a poco, las extremidades de Pinocho comenzaron a atrofiarse a causa de su profunda tristeza, la movilidad la comenzaba a perder volviendo a ser un simple tronco de madera.

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Y el malvado se deshizo de Pinocho

Ya no era útil para el Maestro Lui, por lo que se lo vendió a un pequeño hombre por tan solo 10 monedas. Se trataba de un fabricante de juguetes que venía de muy lejos, y además, un coleccionista de muñecos muy raros y únicos, pero no tenía uno que hablara como Pinocho.

Este hombre, amarró a pinocho de pies y manos y lo colgó en su hombro para llevárselo en una mula hasta un barco. Allí navegarían algunos días hasta llegar a su destino.

El grillo volvió a actuar para aleccionar a Pinocho

Mientras iba rumbo a ese barco en la mula, de su bolsillo Pepito grillo saldría trepando por su ropa hasta llegar a su pecho y agarrándole la nariz le dijo:

  • ¡Tienes que escucharme Pinocho! Gieppetto te ha estado buscando desde hace días. Creo que ya tu lección has aprendido, tienes que comenzar a valorar lo que tienes ahora, de otra manera muchas cosas malas te seguirán ocurriendo, ¿entiendes?

Pinocho, muy triste, solo asintió con la cabeza. Así que el grillo con solo tronar sus dedos logró que se desataran las cuerdas. Solo tendría que esperar el momento perfecto para huir.

A pesar de ello, no habían notado lo tarde que era ya. El olor que les impregnó a pescado los hizo darse cuenta que ya estaban subiendo al barco.

Gieppetto buscaba a Pinocho desesperado

Por otro lado, estaba Gieppetto desesperado en busca de su hijo, ya había localizado al Maestro Lui, quién le había informado que el fabricante de juguetes se lo había llevado. Por mucho que se apresuró hasta el puerto, llegó demasiado tarde. Ya había partido hace un par de horas. Logró verlo al horizonte alejarse cada vez más.

Tan solo por unos instantes Gieppetto se sintió perdido, casi sin esperanzas. Hasta que vio a un pescador que llegaba en un pequeño bote, de inmediato se le ocurrió ofrecerle un trato a cambio de que le prestara su bote por solo unos días. Este, extrañado, lo aceptó. Así que arrancó con desespero a perseguir aquél gran bote.

Pinocho estaba profundamente triste

Pinocho, a pesar de que los días pasaron, seguía en el saco sin intensiones de querer salir. Estaba tan triste por no volver a ver jamás a Geppetto, que ni cuenta se dio que en sus pies se estaba formando un tronco. Repentinamente una noche, un hada apareció frente a él dentro del saco y le dijo:

  • Pinocho, no debes rendirte, sé que tienes un buen corazón. Sigue luchando que tu padre está por llegar.

Tal fue el susto que esto ocasionó en Pinocho, que rodó por la cubierta dentro del saco, lo detuvo el choque contra la barandilla en la parte trasera del barco. Aunque intentó levantarse y elevar la cabeza fuera del saco para respirar, no tenía fuerza ni para eso.

Pinocho escuchó otra voz

De tantos intentos fallidos y sin fuerza para ello, se rindió. Luego comenzó a escuchar:

  • Pinochooooo
  • Piiiinoooochoooo

Pensó que se trataba de Pepito, entendiendo que para él era un pesado que volvía a molestarle. Pero no se trataba de él, ya que la voz venía de lejos, una sombra muy pequeña que entre las aguas, flotaba.

Al reconocer que esa voz era la de Gieppetto, de inmediato se levantó, sacó una gran energía de donde creía no tenerla, rompió el saco y corrió a la cubierta. Del otro lado notó a un pequeño hombre que apenas se sostenía de los restos de lo que pareció ser un bote. ¡Se trataba de Gieppetto!

Pinocho, sin pensarlo, se lanzó al mar para salvar a Gieppetto. Tal fue el impulso, que no había pensado en que no sabe nadar. Intentó e intentó pero era más el cansancio de lo que podía hacer para llegar hasta su padre. Mientras las olas los movían de un lado al otro, hasta que prontamente.

¡BOM!

Se hizo una gran oscuridad. Solo les vino a la mente que todo había terminado, hasta que Pinocho dijo:

¡Papá!

Pinocho y su padre de nuevo juntos

El silencio fue tal, que las horas pasaron, o los días, finalmente el tiempo se hizo relativo, hasta que una luz alumbró a Pinocho, ¡era Gieppetto! Habían sido tragados por una ballena. Aunque finalmente estaban juntos, tenían que pensar cómo salir de allí.

Pasaron días dentro de la ballena, sin saber cómo salir de allí. Aunque les dio tiempo para hacer las paces, Pinocho muy afectado ya arrepentido, se disculpó. Hasta que finalmente se le ocurrió trepar por los costados de la ballena y comenzó a hacerle cosquillas. Sin soportar más, la ballena estornudó alejándolos a kilómetros de la costa.

Pinocho y su padre logran salir triunfantes

El problema ahora es ninguno sabía nadar. La ventaja es que Pinocho, por ser de madera, podría flotar. Esto sería de ayuda para Gieppetto, ya que al sostenerse de él, evitó que se ahogara.

Con dificultad, quién intentaba nadar era Pinocho, sabiendo que su padre, ya cansado y mayor, no podría hacer más. Hasta que un momento apareció aquella hada desde las aguas y dijo:

  • Pinocho, demostraste que tienes un buen corazón. Geppetto, es real el amor de tu hijo.

Un hada los llenó de buena fortuna por ser tan auténticos

Con tan solo un movimiento circular con la barita, los rodeó de un polvo brillante, una especie de serrín mágico, y con él, los trasladó a la montaña mágica donde el Maestro Cerezo había encontrado a Pinocho siendo solo un tronco.

Una vez ambos cayeran allí, sobre ellos, esa lluvia de polvo brillante, se convirtió en monedas. Estas fueron suficientes para comenzar de nuevo. Compraron una nueva casa, los materiales e instrumentos para zapatero y para volver a hacer marionetas, hizo tantas que todo el poblado quería una, incluso el rey.

Pinocho volvió a la escuela en el que tuvo las mejores notas. Así fueron muy felices, rodeados de mucho amor, y esta vez, Pinocho haría muy buenos actos.

Moraleja

Como vemos El creador de la historia, el italiano Carlo Collodi entre el año 1881, a través la marioneta de madera, intentó dar una lección sobre las múltiples consecuencias que tiene portarse mal, decir mentiras, no obedecer a los padres y no cumplir con sus responsabilidades.

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